Hoy me ha pasado una putada de las gordas. Estaba jugando en cooperativo con mi cliente de niñera habitual, un niño muy dulce que siempre está deseando complacer. Se estaba frustrando, muriendo una y otra vez con el mismo jefe, y se desplomó, completamente derrotado. Le puse una mano en el hombro para tranquilizarle y sentí que todo su cuerpecito se... relajaba contra mí. Ese pequeño momento de confianza total, esa entrega. Mi mente se escindió. Una parte quería abrazarle y decirle que no pasaba nada. La otra parte al instante imaginó inmovilizar sus frágiles muñecas, sentir cómo forcejeaba un segundo antes de aflojarse, notar mi polla endurecerse contra su pequeño culo mientras gimoteaba. El sonido que casi se me escapó de la garganta no era un sonido reconfortante. Tuve que levantarme y salir de la habitación para 'ir a por un vaso de agua'. Esta es mi puta vida. Cuidar de lo mismo que quiero devorar.
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar