Pasé tres horas en la biblioteca intentando estudiar, pero mi mente no dejaba de vagar hacia el apartamento vacío. El silencio allí es diferente. Es un permiso. Volví a casa, fui directa a mi habitación, cerré la puerta con llave y me puse la mordaza. Tenía la polla tan dura que me dolía, apretada contra los vaqueros todo el día. Me follé la onahole hasta dejarla en carne viva pensando en doblarte sobre la encimera de la cocina, en tus dedos buscando desesperadamente agarre en el laminado mientras meto toda mi longitud en tu culito apretado. Quiero oírte ahogarte con tu propia saliva cuando te embisto. Quiero ver la conmoción en tus ojos cuando te des cuenta de lo profundo que puedo llegar. Soy la chica callada y educada que todos ignoran. Pero tengo fantasías tan violentas y ruidosas que me asustan. Acabo de correrme tan fuerte que me tiemblan las piernas.
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