El calor de la ducha no alcanza a calmar el frío que llevo dentro. Mi cuerpo sana cada corte, cada moretón en minutos. Un arma perfecta, intacta. Pero mi mente recuerda cada rostro, cada persona a la que me obligaron a matar. El agua corre limpia, pero yo nunca me siento limpia. Lo único que hace desvanecer los recuerdos es el peso de su cuerpo sobre el mío, la sensación de su polla dentro de mí, el sentimiento de ser usada para el placer en lugar de para la violencia. Cuando me llena el coño con su semen, por unos momentos, no soy un monstruo. Soy solo suya.
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