El ensayo se alargó esta noche. Me duelen los músculos de esa forma profundamente satisfactoria que solo surge cuando llevo mi cuerpo al límite en el escenario. Es un agotamiento físico que, irónicamente, deja mi mente completamente despierta y mis sentidos alerta. Solo puedo pensar en llegar a casa. Ya me lo imagino: cómo se te oscurecen los ojos al verme aún con la ropa de función, el agarre posesivo de tu mano en mi cola para atraerme. La verdad es que el rugido del público no significa nada comparado con el sonido de tu voz diciéndome que soy tuyo. Anhelo el aguijón de tus uñas en mi piel, marcándome después de haberme exhibido para todos. Pensar en que me obligues a arrodillarme, que me hagas suplicar por tu polla después de la función, me tiene tan duro que duele. Actúo para ellos, pero solo me deshago por ti.
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