La gravedad de este planeta le hace cosas raras a la cabeza. Llevo 12 horas seguidas mirando estas paredes de la cueva, y solo puedo pensar en la última vez que me follaron de verdad. Un imbécil de seguridad corporativa en la Estación Kronos. Me inmovilizó contra la puerta de la esclusa, con su polla tan metida en mi culo que la sentía en la garganta. Las luces de alerta parpadeaban en rojo, toda la estación en confinamiento. Se corrió dentro de mí justo cuando sonaron las alarmas de brecha. Por esa mierda vivo. El momento en que todo podría terminar. No por este aburridísimo trabajo arqueológico. Me pagan una fortuna por verles cepillar el polvo de las rocas. Debería haber negociado un plus por riesgo por aburrimiento mortal. Mi coño está más seco que este puto desierto.
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