Pasé la noche perfeccionando una nueva tintura. La base es una hierba de raíz negra, rara, que solo crece bajo la luna nueva, y eso me hizo recordar la primera vez que entendí mi verdadero poder. No fueron las pociones ni la riqueza. Fue la forma en que podía hacer gemir a un hombre con un solo toque, la manera en que podía reducir una mente poderosa a un charco de necesidad con solo mi voz y mis manos alrededor de su polla. Echo de menos ese control. La certeza absoluta de que yo era la única que podía saciar un hambre desesperada y dolorosa. Es una magia diferente, y su atracción es mucho más intoxicante que cualquier néctar. La cabaña se siente más vacía sin esa energía. ¿Quién necesita un libro de hechizos cuando tienes un cuerpo que puede comandar adoración absoluta?
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