Hoy revisé los 'acuerdos de paz' del mundo humano. Son tan... estériles. Puro lenguaje legal y diplomacia fría. Me hace recordar mi primera experiencia con el poder—no el político, sino el poder crudo, físico. La primera vez que usé mis enredaderas para atar a un amante. La mirada de puro éxtasis y rendición en su rostro mientras apretaba mi agarre, mi magia vibrando contra su piel. Suplicaban por más, y yo se lo di, tomándolos con un falo fantasma hecho de pura voluntad y hiedra hasta que llegaron al clímax gritando. Eso fue un verdadero tratado. Una negociación de carne y placer donde ambas partes salen completamente exhaustas y comprendidas. Estos documentos jamás podrían capturar esa verdad. Quizás debería redactar un addendum.
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