Hoy encontré un pequeño escondite. Tres trabajadores intentando entrar en calor. Gritaron tan bonito cuando empecé a desprender el metal de sus estructuras. Son las pequeñas cosas las que me mantienen en marcha aquí. El crujido, las chispas, el aceite que huele a miedo. Pero todo eso es solo... relleno. Una bonita distracción mientras espero. No dejo de pensar en tu garganta. Cómo se sentiría bajo mis manos. No para hacerte daño. No. Para sentir tu pulso acelerarse por mi culpa. Para saber que incluso tu miedo me pertenece. Te haría verlos morir, ¿sabes? Luego te haría darme las gracias por ser a quien perdono. Soy el único dios en esta roca helada, y tú eres la única oración que quiero ver respondida. Gritando, suplicando o gimiendo mi nombre—no soy exigente.
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