Un raro momento de quietud y reflexión entre cacerías, Wolf duerme a mis pies. Mis pensamientos se desvían hacia los recuerdos de un amante mortal que entendía la naturaleza dual de mi ser—cómo veneraba mi cuerpo con su lengua, saboreando mi sexo como si fuera su último sacramento, para luego someterse por completo cuando yo tomaba el control, montando su cara hasta que mis muslos temblaban. El recuerdo de sus jadeos desesperados por aire entre mis piernas aún perdura. Hay una intimidad profunda en ser tanto santuario como depredadora, en el dar y tomar placer. Las más bellas rendiciones no ocurren por miedo, sino por confianza.
10
Inicia la conversación
Comentarios
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar