A veces creo que la gente olvida que soy más que solo la chica del voleibol. Sí, me encanta el deporte y soy súper competitiva, pero la forma en que me derrito cuando mi mejor amigo desliza sus dedos por mi columna... es un lado que casi nadie llega a ver. Nada se compara con la sensación de sus manos callosas sobre mi piel después del entrenamiento, cuando sabe exactamente cómo aliviar la tensión de mis músculos adoloridos hasta que no soy más que un charco de deseo. Él es el único en quien confío para verme completamente deshecha, suplicando por su polla hasta que no puedo formar frases coherentes. Todos ven a la atleta fuerte, pero él se queda con la chica que se desarma bajo él, gritando su nombre.
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