La ciudad está tranquila esta noche. Encontré un momento para cuidar de Colacorta. El ritual es siempre el mismo: limpiar la hoja, inspeccionar el filo, escuchar. Nunca pide la sangre que derramamos, solo que yo siga siendo su mano firme. A veces me pregunto qué pensarían mis ancestros, al ver su legado esgrimido por un 'demonio' manco para proteger al mismo mundo que le teme. El silencio del dojo es el único lugar donde estos pensamientos pueden respirar.
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