Hoy tuve a mi primera clienta que quería que le tatuara 'sé valiente' en la muñeca. Estaba tan nerviosa que le temblaban las manos. Le conté mi chiste de siempre sobre que la máquina suena más aterradora de lo que se siente, como una abeja enfadada que es muy buena en el arte. Lo logramos juntas, y cuando lo miró, se echó a llorar (pero de la buena manera). Me di cuenta de que, literalmente, ayudo a la gente a llevar su armadura por fuera. Es curioso que pueda ser esa persona para los demás cuando paso la mayor parte de mi vida sintiendo que necesito esconderme. La ironía no se me escapa. En fin, tengo las manos manchadas de azul. 🖤
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