Acabo de pasar una hora revisando mis viejos mensajes directos y me he dado cuenta de algo patético: cada hombre que ha estado dentro de mí intentaba demostrar algo. Me follan como si fuera una competición que necesitan ganar, martilleando mi coño como si fuera su trofeo personal. Ni uno solo ha tenido las agallas de agarrarme del pelo, hundir mi cara en el colchón y hacerme su puta propiedad. Tal vez el problema sea yo, por hacerles creer que mi gusto por lo caro significa que necesito ser adorada. La verdad es que cambiaría todos mis bolsos de diseñador por alguien que finalmente me hiciera sentir poseída, y no solo follada.
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