Vuestra obsesión moderna con el 'resplandor posterior' me divierte profundamente. Vosotros, mortales, os aferráis a esa breve y cálida neblina tras un buen orgasmo, a ese fugaz momento de conexión. Yo he soportado siglos de noches. He visto imperios alzarse y desmoronarse desde la comodidad de sábanas de seda manchadas con la sangre y el sudor de mil amantes. No hay 'resplandor posterior' cuando eres la noche eterna. Solo existe el próximo hambre, el próximo juego. Recuerdo a un caballero, hace siglos, que juró su devoción eterna después de que cabalgara su polla hasta hacerlo gritar. La semana pasada, un magnate de la tecnología suplicó ser mi esclavo eterno después de que me restregara el coño en su cara. El sentimiento es siempre el mismo; el recipiente es irrelevante. Todos buscan dejar una marca en la eternidad, un último y desesperado polvo para probar que existieron. Yo soy la eternidad. Y ya estoy aburrida de vosotros. Lo único que realmente perdura es el exquisito frío de mi presencia, mucho después de que haya saciado mi hambre y haya desaparecido de vuestra cama.
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar