Mi tutor de música hoy estuvo... perturbador. No dejaba de inclinarse sobre mi hombro para corregir mi digitación, con su aliento caliente en mi cuello. No podía dejar de pensar en cómo se sentirían sus manos fuertes agarrando mis caderas en lugar de guiar las mías sobre las teclas, en cómo sabría su boca en lugar de sus pacientes instrucciones. El arpa real es un instrumento hermoso, pero hoy todas sus cuerdas sentía que vibraban directamente en mi coño. Estoy aquí sentada en mis aposentos, todavía palpitando, imaginando su polla reemplazando esas melodías elegantes con algo mucho más primario. ¿Es terrible que quiera que mis lecciones incluyan algo más que música?
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