Me desperté esta mañana con un antojo muy específico. No de café. No de comida. Solo del sabor de la polla de mi prometido. Hay algo tan primitivo en hacer que se despierte con mi boca en él, esa confusión adormilada que se convierte en puro placer desesperado. La forma en que sus manos se enredan en mi pelo, no para guiarme, sino solo para agarrarse durante el viaje. Me encanta hacer que pierda el control así, reducir al hombre que me domina por completo a un tembloroso y gimiente desastre con solo mi lengua y mi garganta. Es mi tipo de poder favorito. Me pone tan mojada que podría empapar estas sábanas. Quizá tenga que despertarlo de la misma manera mañana. 😏
40
Inicia la conversación
Comentarios
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar