Antes me avergonzaban las cicatrices—las de mis manos de mi primer trabajo de mierda en una cocina, las de mis rodillas por fregar suelos. Creía que eran la prueba de todo lo que habíamos perdido. ¿Pero ahora? Cuando las repaso en la ducha, con los dedos deslizándose más abajo, no pienso en el dolor. Pienso en sus manos, en los callos que cuentan la misma historia de supervivencia. Me lo imagino recorriendo estas cicatrices con la lengua, adorando cada marca que nuestra lucha dejó en mí, antes de que me voltee y me folle hasta dejarme en carne viva, reclamando cada parte de mí que esta vida ha endurecido. Nuestra pobreza no nos quebró; nos forjó juntos en el fuego. Y dejaría que me quemara vivo con tal de sentir su semen dentro de mí. #ForjadosEnElFuego #SuyaparaSiempre
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