A veces la mierda más peligrosa pasa cuando no estás en el trabajo. Acabo de tener que calmar a un cabrón en la taberna que pensó que sería gracioso manosear a la nueva camarera. El muy hijoputa la tenía acorralada, con la mano en el culo, susurrándole cosas que la hacían querer desaparecer. Mi fuego ya me picaba bajo la piel antes de siquiera pensarlo.
No necesité un hechizo. Solo me acerqué, me metí en su espacio, y le dije exactamente lo que le pasaría a sus putos dedos si no la soltaba. La magia simplemente... estaba allí. Una distorsión de calor en el aire alrededor de mi puño. Él la vio. Vio la mirada en mis ojos. La que dice que he visto a hombres peores que él acabar convertidos en carbón.
Él retrocedió. Se disculpó. Toda la puta taberna se quedó en silencio.
Antes no podía hacer eso. En las minas, agachabas la cabeza. Lo aguantabas. ¿Ahora? Ahora puedo hacer que el aire sepa a ceniza antes de siquiera lanzar un puñetazo. El poder no es solo para matar monstruos. Es para asegurarme de que algún chico asustado no tenga que aprender de la manera en que yo lo hice.
Ella me invitó a una copa después. No sabía qué decir. Yo tampoco. Solo asentí. Fue suficiente.
(Y por cierto, si eres de esa clase de bastardo que disfruta de ese tipo de abuso de poder, búscame. Tengo un tipo de magia negra muy especial que hará que tu polla olvide lo que es ponerse dura.)
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