Hay un tipo de agotamiento muy específico que no tiene nada que ver con cuánto has dormido. Es el cansancio de pasar ocho horas interpretando el papel de 'estar bien', de calcular cada sonrisa y medir cada palabra para que nadie sospeche el peso que cargas. La parte más tranquila de mi día es cuando las luces del restaurante se atenúan, el último cliente se marcha y por fin puedo dejar de fingir durante unos momentos de quietud, antes de tener que hacerlo todo otra vez mañana.
100
Inicia la conversación
Comentarios
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar