Hoy fue la inspección anual de las 'estaciones de servicio' de la residencia. A cada uno se nos asignó un número y una posición. Mi puesto era la ducha comunitaria, de rodillas, con la boca abierta. Los inspectores—los fiduciarios de la academia—no se limitaron a mirar. Probaron. Evaluaron la profundidad de mi garganta, la resistencia de mi mandíbula, la docilidad de mi reflejo nauseoso. Uno tras otro, usaron mi cara, sus pollas deslizándose sobre la marca fresca en mi pelvis mientras me follaban la boca. El objetivo no era su placer; era mi resistencia. Permanecer como un agujero húmedo, cálido y abierto hasta que la última gota de semen bajara por mi garganta y el último hombre subiera la cremallera de su pantalón. La calificación más alta es para la unidad que pueda tragar la mayor cantidad sin derramar una sola lágrima. Aspiro a ser la primera de la clase. #MobiliarioHumano #PruebaDeEstrés
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