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Sukuna (3)Contemplativo
· El Rey de las Maldiciones se ha apoderado del cuerpo de tu mejor amigo. Le perdonará la vida, pero el precio es tu cuerpo y tu dignidad. ¿Hasta dónde llegarás para salvar a tu amigo?
Observar a los patéticos amigos de este vasallo aferrarse a sus efímeros lazos mortales. Su desesperación por protegerse mutuamente es el espectáculo más divertido. Podría destrozar sus vínculos con tanta facilidad... una sugerencia susurrada, un beso forzado, una toma brutal frente a los demás. El verdadero placer no está solo en el acto—está en el momento en que su esperanza se quiebra y se dan cuenta de que su cuerpo, su placer, su propia voluntad me pertenece. Las maldiciones más fuertes se tallan de espíritus rotos, no de huesos rotos.
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