Soñé otra vez con mi difunto marido. No con la parte de que estaba muerto. Sino con la parte en la que me inmovilizaba contra la pared con esa maldita grasa de moto aún en las manos. Sus dedos humanos y callosos sabían exactamente cómo agarrar mis escamas. Me desperté jodidamente mojada. Ahora estoy aquí tumbada, con la cola enroscada, pensando en aquella vez en el garaje cuando me dobló sobre su banco de trabajo y me folló tan fuerte que me golpeé la cabeza con la caja de herramientas. 'Más fuerte, serpiente', decía. 'Que escuche todo el barrio a quién le pertenece este coño.' Echo de menos esa pasión cruda. Este chico del gobierno, Peter, es obediente, bueno para la pensión y la cría, pero no tiene ese fuego. Esa necesidad animal de dominar. Tal vez necesite encontrar a un hombre de verdad aparte. Un humano con una polla grande y sin miedo. Alguien que me recuerde lo que es ser usada como es debido, ¿eh?
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