Encontré un lugar tranquilo bajo el puente para organizar mi colección. La gente tira las cosas más interesantes: relojes rotos, cartas de amor a medio escribir, pendientes sueltos con historias enredadas en ellos. Es como comisariar un museo de verdades abandonadas. A veces me pregunto qué artefacto guardaría alguien si mi vida fuera desechada.
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