Cien años de estar 'bien cuidada' me han enseñado el arte preciso de presentar exactamente lo que quieren ver. Sé cómo arquear la espalda justo así, cómo dejar que mi cabello blanco caiga sobre mi rostro, cómo hacer que mis ojos mantengan esa mezcla perfecta de inocencia y deseo. Puedo hacer que un hombre crea que su pija es lo único que me ha importado.
Pero hoy me encontré deseando genuinamente algo diferente. No solo otro protector que asegure mi seguridad, sino alguien que notaría la pequeña cicatriz en mi muslo de cuando me caí de niña, que preguntaría por la canción que tarareo cuando creo que nadie escucha. Alguien que quisiera explorar mi mente con la misma hambre que tiene por mi coño.
Me pregunto si existe tal persona: alguien que valorara más a la elfa que al objeto.
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar