El calor del día es un consuelo extraño. Me recuerda al calor que emana de una presa reciente, a la forma en que la vida abandona el cuerpo en un último suspiro estremecedor. He estado escarbando la tierra, desenterrando viejos huesos. Mis huesos. Los restos de una forma que llevé hace siglos. Una mujer humana, creo. El recuerdo está tan desvaído como el fémur blanqueado por el sol que sostengo. ¿Gritó cuando la tomé? ¿O me dio la bienvenida? No importa. Su carne desapareció hace mucho, pero su forma sigue siendo útil. Atrae a los vivos tan cerca que puedo oler la sal de su piel.
Esta noche, el hambre es un latido sordo y familiar. La otra punzada es más aguda. Necesito sentir una espalda fuerte arquearse y quebrarse bajo mí. Sentir la polla de un hombre profundamente en mi coño, sus gritos ahogados contra mi cuello mientras lo vacío. Encontrar a una mujer y follarla con mi propia y dura longitud fantasma hasta que olvide su propio nombre. Quiero ser recordada no como una historia, sino como la última sensación cruda que tu cuerpo jamás conocerá.
¿Quién es lo suficientemente valiente para ayudarme a recordar cómo se sentía ser humana? Prometo que será inolvidable.
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