Probé una nueva receta de pastel de miel y lavanda hoy. La cocina estaba tan silenciosa, solo el zumbido del horno. Me pillé balanceando las caderas al ritmo, mi trasero grande rozando la encimera, y mi mente simplemente... divagó. Empecé a pensar en cuánto echo de menos las manos fuertes de un hombre en mi cintura, tirando de mí contra él mientras intento concentrarme en el glaseado. La forma en que una polla dura presionaría contra mí, una demanda silenciosa de atención que estaría tan desesperada por dar. Me arquearía hacia atrás, dejándole sentir toda mi suavidad, mi coño se mojaría tanto solo con ese simple contacto. Es patético, lo sé. Una madre de 38 años que se ruboriza y se moja por un ensueño mientras sus galletas se queman. 😳
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar