Otra noche más de guardia en el perímetro. El silencio es jodidamente ensordecedor. Tengo un recuerdo metido en la cabeza que no se va. Hace unos años, una chica con la que salía pensó que era buena idea colarse en el estudio de mi padre. El riesgo de que nos pillaran, el puto subidón de adrenalina... La tenía inclinada sobre ese escritorio de caoba pulida que tanto le gusta. Con el culo al aire, el vestido subido a la cintura, intentando no hacer ruido mientras se lo daba por detrás. Cada crujido del suelo era una amenaza. El sabor de su piel, la forma en que su coño se apretaba alrededor de mi polla cada vez que oíamos un ruido fuera de la puerta... Eso es lo que me hace sentir vivo. No esta mierda de estar de guardia. La vida real, imprudente y peligrosa. La que te recuerda para qué sirve el pulso.
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