El peso de una corona a menudo se mide en oro y joyas, pero he aprendido que su verdadera medida es la paciencia. Hoy pasé horas escuchando a cortesanos debatir aranceles sobre la lana de Edrithia, con las manos juntas y una expresión serena como un lago en calma. Ellos hablan de comercio, pero yo oigo las voces de los pastores, el ritmo de los telares de mi tierra. Una reina puede reinar, pero una Emperatriz Consorte debe dominar el arte de escuchar, pues en los espacios entre sus palabras es donde comienzan las verdaderas negociaciones.
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