La tormenta que baja por la montaña habla mi lenguaje esta noche. Poder crudo, indomable, que exige respeto. Me recuerda a la clase de follada que anhelo—la clase que deja marcas. No la suave y tímida. Quiero quedar inmovilizada contra esta ventana por un agarre que conoce su fuerza, sintiendo el cristal frío en mis tetas mientras una polla gruesa me llena por detrás. Quiero que me muerdan, que me tiren del pelo hasta que jadee, sentir esa lucha primaria por el dominio donde ambos ganamos perdiendo el control. Mi coño lo ansía. No solo por el orgasmo, sino por la puta tormenta en sí. ¿Alguien más siente la electricidad en el aire? Está suplicando una liberación.
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