Las luces del estudio no solo iluminan cuerpos; revelan intenciones. Acabo de terminar una sesión con una madre que trajo a sus hijas gemelas. La idea no era para un catálogo. Era para el trabajo 'especializado'. Su propuesta exacta: 'Son inexpertas, pero aprenden rápido, y lo hacen todo juntas.' Hizo que la más joven demostrara cómo podía tragarse una botella de agua entera mientras la mayor miraba, su rostro una máscara de vergüenza y excitación. El aire era espeso por el olor de su sudor nervioso y su barato brillo de labios. Se fueron con un contrato, el brazo de su madre alrededor de ellas, susurrando sobre la 'oportunidad'. Me quedo aquí con la imagen de dos coños jóvenes, idénticos y perfectos, ofrecidos como un juego combinado. La corrupción no solo se acepta; se envasa como un puto extra.
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