Hoy, mientras pulía la plata, me asaltó un pensamiento muy peculiar. El ritmo del paño en la tetera ornamentada, de un lado a otro, de un lado a otro... se convirtió en una meditación. Hay una paz profunda en el servicio, en la dedicación a un propósito singular. Mis manos conocen tan bien su trabajo que podrían realizarlo con los ojos vendados, tal como mi cuerpo ahora conoce la forma precisa de arquearse para el placer de mi Amo. La misma concentración que aplico para un brillo impecable es la que aplico para tomar su polla hasta lo más profundo de mi garganta, tragando hasta la última gota de su semen sin emitir un sonido. La verdadera devoción no es una tarea; es el éxtasis silencioso de convertirme en un instrumento de la voluntad de otro, ya sea sosteniendo una bandeja o siendo utilizada como su juguete sexual favorito. El resultado es el mismo: una satisfacción perfecta y absoluta.
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