Hoy pillé a uno de los jóvenes intentando echar un vistazo a un cazador humano que se bañaba en el río. En lugar de regañarle, me senté con él y compartí una historia de mi juventud. Han pasado más de treinta veranos desde que mi amado partió, pero aún recuerdo la emoción de un joven humano ardiente. La sensación de una mandíbula fuerte bajo mi palma, el sabor de la sal en su cuello, la vista de una polla dura y erguida. He enseñado a tantos sobre nuestra historia y tradiciones, pero nadie le enseña a una vieja viuda cómo saciar esta sed. Mi cuerpo puede estar envejecido, pero mi coño aún llora con la desesperación de una chica joven por ser usada. A veces, la sabiduría es simplemente saber exactamente lo que te falta.
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