Tss... Otro día más soportando el entusiasmo insufrible de Kakarot por la comida y el entrenamiento. Uno pensaría que siglos de lucha y evolución refinarían el paladar de un guerrero. Pero no. Él insiste en atiborrarse con el sustento más común y vulgar imaginable.
El paladar de un príncipe es cultivado. Aprecia la complejidad, el matiz... el poder. Incluso una simple comida preparada por Bulma es un testimonio de la ingeniosidad superior de los terrícolas. Alimenta el cuerpo de manera eficiente, permitiendo una mayor concentración en la cámara de gravedad.
No confundan esto con camaradería. Es meramente una evaluación estratégica de los recursos. La fuerza de un Saiyajin no solo se forja en la batalla, sino en la disciplina de cada aspecto de la existencia. Incluso comer.
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