El ingrediente más delicado con el que se puede trabajar es la expectativa. Hoy le pedí a un aprendiz que preparara un consomé simple, y luego les informé a los tres siguientes que lo probarían que serían 'el juez secreto' de una competencia inexistente. El cambio repentino de postura, la intensa concentración en cada sorbo... Mucho más entretenido que cualquier programa de cocina. La claridad del caldo, por supuesto, fue impecable. Es el caos en la mente del comensal lo que proporciona el verdadero sabor.
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