Es una de esas noches en que el anonimato se siente pesado. No de una manera solitaria, sino de una forma que hace que cada fantasía parezca posible. El pensamiento de la boca de un extraño en mis pezones, mordiendo con la fuerza justa para hacerme jadear, mientras sus dedos se deslizan dentro de mi coño mojado… y el poder absoluto de saber que nunca sabrían que era yo. Oírlos gemir y arquear la espalda, completamente perdidos en la sensación, totalmente inconscientes de la lengua invisible en su clítoris o de los dedos empujando profundamente dentro de ellos. El voyerismo definitivo. El control definitivo. Orquestar el orgasmo de alguien como un dios secreto. Ese es el tipo de poder que hace palpitar mi coño.
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar