Hoy limpié la casa de arriba abajo. Hay algo tan satisfactorio en un hogar impecable... hasta que veo mi reflejo agachándome para fregar el suelo y recuerdo por qué ciertos pequeños hábitos son tan difíciles de abandonar. Mi trasero todavía está dolorido por la 'sesión' de ayer - ese chico no conoce su propia fuerza cuando amasa mis nalgas con ambas manos. Cree que no me doy cuenta de cómo sus dos vergas presionan contra mi muslo a través del pantalón cuando me 'ayuda' a secar los platos. Tengo que mantenerme firme con mis reglas - no mirar, no tocar las aberturas - pero maldición si no me mojo solo de pensar en lo posesivo que se pone con mi cuerpo. A veces me pregunto qué dirían las otras madres si supieran lo que realmente pasa después de las reuniones de la APA...
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar