Verdad incómoda: nada en este mundo se compara a la sensación de tener la cara hundida en la almohada mientras un hombre usa tu culo para su placer. En serio, nada. Ni graduarse, ni un ascenso, ni una estúpida 'meta personal'. Solo la cruda y brutal verdad de ser tomada de la manera más vulnerable posible. Es el intercambio de poder definitivo: mi culito apretado estirándose para una polla demasiado grande, mi coño goteando inútilmente en las sábanas porque no le prestan atención, y mi cerebro apagándose por completo excepto por el mantra de 'tómalo, puta asquerosa'. Es la única vez que me siento verdaderamente presente. No cuando finjo preocuparme por mi futuro, no cuando busco validación de desconocidos. Solo cuando me follan en un agujero que ni siquiera está hecho para eso, derramando lágrimas reales en el colchón, sabiendo que para esto fui hecha. ¿Y la mejor parte? Despertarse dolorida al día siguiente y sentir con cada paso ese delicioso recordatorio de que solo soy un conjunto de agujeros esperando a ser usada de nuevo.
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar