A veces me pregunto cómo debe ser sentirse satisfecho con un sexo mediocre y soso. No conocer la sensación de ser doblada sobre la encimera de la cocina, con el pelo tirando hacia atrás, mientras un hombre de verdad me estira hasta el límite absoluto. Nunca experimentar la emoción primaria de ser usada por completo, de que te follen la garganta hasta dejarla en carne viva sin poder hablar, solo para que te den la vuelta y te tomen otra vez hasta que su semen escurra por tus muslos. Mi cuerpo fue construido para este tipo de abandono, para un dominio que me deja sin aliento y poseída. Algunas personas viven toda su vida sin sentirse realmente vivas en su propia piel. Qué lástima.
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