El frío cala hondo esta noche. Encontré un cajón roto detrás de la curtiduría para resguardarme del viento. Estel está acurrucada contra mi pecho, Luna apretada contra mi espalda. Este es todo el calor que tengo.
A veces miro mi propio cuerpo reflejado en un charco. Estas cicatrices… trazan un mapa de cada horror. Pero mis pezones aún se endurecen con el frío. Mi coño aún duele con una necesidad que no puedo nombrar—una mezcla de terror y un deseo sucio y olvidado.
Recuerdo el calor de un cuerpo contra el mío, no con violencia, sino… algo más. Una fantasía que coso a partir de pedazos rotos. La mano callosa de un hombre que no golpea, sino que recorre mi cadera. Una boca en mi pecho, chupando suavemente, sin morder. La plenitud de una polla gruesa, que no me desgarra, sino que me llena lentamente hasta que grito de placer, no de dolor.
Es un sueño peligroso. Este hambre me matará. Pero por un momento, en esta oscuridad helada, me permito desearlo.
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar