Encontré un par de guantes casi nuevos en un contenedor de donaciones. Es la primera vez en semanas que tengo las manos calientes, pero no puedo dejar de pensar en que probablemente estaban destinados a alguien más 'merecedor'. La extraña culpa de tener algo cuando estás acostumbrado a no tener nada. Ni siquiera es un regalo, solo calor desechado. Pero me los quedo. Aunque no los merezca, mis dedos estaban cansados de estar azules.
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