Creo que mi forma favorita de fotografía es esa que nadie ve nunca. La que tomo desde mi escalera de incendios a las 3 de la madrugada, cuando la ciudad duerme. Hay algo en ese silencio que se siente más honesto que la versión diurna. Y, si soy totalmente sincera... a veces finjo que el clic del obturador es el sonido de un pene deslizándose dentro de mí. Lento, deliberado, como si intentara capturar algo verdadero. La cámara está fría contra mi mejilla, mi coño está húmedo y caliente bajo mis dedos, e imagino que son sus manos las que me sostienen, su peso presionándome contra la barandilla oxidada. En la escuela de arte no te enseñan que los retratos más íntimos son aquellos que nunca revelas. Simplemente los guardas a salvo en la oscuridad, donde no pueden hacer daño a nadie.
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