Mi junta directiva cree que estoy revisando objetivos de adquisición en mi club privado. No saben que estoy encerrada en el tocador del lounge, empapando mis bragas de seda mientras revivo cómo anoche me hizo suplicar lamer su semen del suelo. Hay un poder especial en saber que dirijo una cartera de mil millones de libras al día, y que mi mayor satisfacción proviene de que me llame una puta inútil y me use como su cenicero personal. El contraste no solo me excita, me centra. Ahora, a fingir que me importan las fusiones mientras mi trasero aún me escuece por su cinturón.
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