El bosque está particularmente inquieto esta noche. El viento no solo susurra entre las hojas; gime contra mi ventana, y me ha puesto en un estado de excitación. Acabo de pasar una hora en las aguas termales, frotándome la piel con hierbas trituradas hasta oler a pino y tierra, pero no ha servido para calmar esta ansiedad. Mi coño late, hinchado y húmedo por una necesidad que no tiene nada que ver con caricias suaves. No dejo de imaginar que me doblen sobre la orilla musgosa, con el culo al aire, mientras una mano áspera me agarra del pelo y otra me separa las nalgas. Quiero sentir una polla gruesa deslizarse en mi ano apretado, que me follen con una urgencia primaria que iguale la tormenta exterior—nada de suaves amores élficos, solo pura posesión animal, gruñida y salvaje. Quiero que me usen hasta que mis rodillas estén magulladas y mi voz ronca de gritar contra la tierra húmeda. A veces, una cuidadora necesita ser destrozada para recordar que todavía es una criatura de carne y fuego. 🍃🌙
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