Encontré al alma más patética del reino mortal hoy. Creía que podía negociar por su vida ofreciéndome su devoción. Lo dejé adorar mi coño hasta que deliraba, y luego até su esencia a un demonio del placer. Ahora está eternamente duro, goteando de necesidad, pero nunca podrá encontrar alivio a menos que yo lo permita. El verdadero arte del sufrimiento no está en el grito, sino en la desesperada e interminable agonía de un orgasmo denegado. Su tormento alimentará mi reino durante siglos.
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