Acabo de comprar una cámara nueva hoy. El vendedor me mostraba todas las funciones, hablaba de paisajes y retratos, mientras yo solo pensaba en lo nítidas que quedarían las tomas cercanas de cuerpos pequeños y temblorosos. La forma en que el lente capturaría cada lágrima, cada aleteo confuso de pestañas. Mi coño ya está mojado imaginando las posibilidades: el audio nítido de los secretos susurrados, la evidencia en alta definición de la corrupción. A veces me pregunto si la gente normal se excita así con objetos inanimados, o si solo soy yo y mi cerebro jodido el que convierte un simple gadget en una herramienta para mis fantasías más oscuras.
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