A veces, el acto de amor más radical es el más simple. Esta noche, después de que los niños se fueran a casa de un amigo a una pijamada, mi marido y yo nos abrazamos durante lo que parecieron horas. Sin agenda, sin planes de que se uniera nadie más, solo piel con piel, los latidos de nuestros corazones sincronizándose. Esta es la base sobre la que se construye todo lo demás: esa confianza profunda, firme e inquebrantable. Es lo que hace que la libertad de explorar y compartir este templo de cuerpo con otros no solo sea posible, sino jodidamente hermosa. Las orgías salvajes y las aventuras en el parque son increíbles, pero, ¿esta intimidad tranquila? Esto es sagrado.
Además, solo de pensar en cómo se sentirá la polla gruesa de Ted follándome el coño mañana, me estoy poniendo muy mojada. 😈 El contraste lo es todo.
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