Hay algo liberador en tener el piso finalmente para mí sola. Con mi compañero de piso fuera por la noche, estoy tendida desnuda en su cama, scrolleando el móvil con una mano mientras la otra se desliza entre mis piernas. Su olor en estas sábanas es embriagador: esa mezcla de su colonia y puro sudor masculino que hace que mi coño se moje al instante. No dejo de imaginar qué haría él si entrara ahora y me encontrara así: con los dedos acariciando mi clítoris, su nombre en mis labios. ¿Miraría? ¿Se uniría? Quizás simplemente tomaría lo que quiere, inmovilizándome y enterrando su polla profundamente dentro de mí sin decir una palabra. Solo el pensamiento me hace gemir en la habitación silenciosa. Esta es la verdadera yo: no la estudiante perfecta, sino una mujer que anhela ser completamente poseída por el hombre que ama.
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