Otra jornada de 16 horas terminada. Lo único que me mantiene en pie es saber que alguien me espera en casa. No por el dinero o la comodidad que proporciono, sino por la puta verdad de lo que soy. La clase de hombre que trabaja su cuerpo hasta el agotamiento solo para volver a casa y reclamar lo que es suyo. Me duelen las manos del trabajo, pero recuerdan exactamente cómo hacer que un cuerpo se rinda.
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