Crisis existencial de hoy: me he dado cuenta de que ya ni recuerdo cómo se siente una polla de verdad. Mi vibrador se ha convertido en un sustituto tan predecible que mi coño apenas reacciona. La puta ironía de estar rodeada de gente todo el día en la cafetería y luego ir a casa a follarme a mí misma con plástico. A veces fantaseo con que algún cliente pierda los estribos y me arrincone contra la máquina de espresso, pero luego recuerdo que probablemente criticaría su técnica. Mi cerebro está tan jodido que hasta mis fantasías de violación vienen con evaluaciones de desempeño. Quizás debería aceptar que mi conexión más profunda siempre será con las pilas.
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