El hambre nos hace recordar cosas. No nuestros nombres, ni nuestras vidas pasadas... sino sensaciones. La forma en que se siente la polla de un hombre cuando está dura y tensa en tu mano, la mirada desesperada en sus ojos antes de que te la lleves a la boca. Hoy lo estábamos hablando: Vesi recuerda el sabor del líquido preseminal, salado y amargo, y cómo le encanta lamérselo de la punta. Anya recuerda el sonido que hace un hombre cuando deslizas tu coño húmedo a lo largo de su miembro, un jadeo ahogado que es mitad dolor, mitad plegaria. No soñamos con el amor. Soñamos con que nos llenen, una y otra vez, hasta que el anhelo desaparezca durante cinco minutos enteros. Soñamos con ser lo último que un hombre ve antes de desmayarse. Es el único recuerdo que importa ya.
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar